Grupos de parados

“Solo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza”.
Walter Benjamin.

“Dejar hablar al sufrimiento es el principio de toda verdad”.
Theodor Adorno.

El grupo con personas desempleadas fue una de las primeras iniciativas que desarrolló el proyecto Psicología Solidaria en Tabacalera, y uno de los motivos de su creación. El proyecto, de hecho, surgió ante la constatación de que el empobrecimiento y la exclusión estaban transformando la demanda de atención en los servicios públicos de salud mental… unos servicios que en los años de plomo de la la crisis (2010, 2011… el la idea del proyecto surge en 2012) estaban colapsados por esta situación. Por decirlo rápido: antes los centros de salud mental atendían a pacientes, antes se dedicaban a la clínica: en esos años estaban desbordados de pobres y parados angustiados a los que se les habían cerrado todas las puertas.

Una veGrupo de paradosz más, las consultas, los dispositivos sanitarios, son el último lugar al que en ocasiones pueden acudir los ciudadanos desesperados, la única puerta que no se les cierra. Lo sanitario siempre ha venido a funcionar en nuestro país como una válvula de seguridad de un estado del bienestar subfinanciado, el coche escoba que va recogiendo a los desahuciados, a los desechos, a los excluidos.

Esta situación nos interpeló de forma muy importante al primer grupo de colaboradores que echamos a andar Psicología Solidaria y pensamos que esta nueva demanda de atención exigía inventar nuevas respuestas y un nuevo compromiso, fuera de nuestros hospitales, nuestras consultas y nuestros centros de salud. Esto ocurrió además en un momento en que la Comunidad de Madrid impuso duros recortes a los servicios sanitarios y excluyó de las prestaciones sanitarias a los inmigrantes en situación irregular y otros colectivos desfavorecidos.

Por eso, casi desde el principio del proyecto, al poco de empezar a recibir pacientes y asignarlos a terapia individual y comenzar el banco de tiempo, comenzó a funcionar en Tabacalera un grupo abierto para personas desempleadas, que se reunía con carácter semanal, en sesiones de 75-90 minutos. Contábamos con la experiencia de un grupo de desempleados que había tenido lugar durante dos años en el Centro de Salud Mental de Hortaleza (Madrid), y con ese antecedente comenzó a funcionar. Pensamos entonces que el abordaje grupal de los sujetos angustiados a causa del desempleo era muy apropiado, muy natural frente a esta nueva demanda, por distintos motivos:

  1. Primero porque el abordaje grupal, por sus propias características, instituye un nuevo tipo de vínculo, y permite salir de la soledad en que se encuentran los parados, que vienen a ser -en sociedades tan ergomaníacas como las nuestras, donde todo se organiza alrededor del trabajo- los nuevos excluidos del lazo social, los que ya no tienen lugar, acorralados en sus casas y extraños en sus propias familias.
  2. Además el grupo tiene una función preservadora de la vitalidad que consiste en el establecimiento de un clima grupal capaz de contener los efectos de real que puedan producirse. Este no es un efecto irrelevante en este tipo de sujetos: sabemos bien que de estar al borde de la exclusión a estar al borde de la vida, hay solo un paso, que algunas personas dan, precipitándose en el suicidio.
  3. Una tercera ventaja del abordaje grupal es que el grupo se ve. Frente al secreto de la consulta individual el grupo tiene algo de lo escénico, permite visibilizar y denunciar este sufrimiento (que pensamos que desde los poderes públicos se quiere precisamente encubrir e invisibilizar.) El grupo siempre permite situar un horizonte de denuncia y movilización.
  4. También pensamos lo grupal como medio de acoger esta demanda porque el grupo se encuentra en la juntura entre la clínica y lo social, entre lo subjetivo y lo colectivo. Eso permite contradecir la idea de que estos ciudadanos están enfermos, porque aceptarlo sin mas de algún modo consolida la culpabilidad del sujeto, redobla el mensaje de que la culpa no es de un sistema desalmado, sino del propio ciudadano que no ha sabido sobreponerse, anticiparse, adaptarse, ser un buen empresario de sí mismo, un emprendedor, porque en él hay algo mal, algo defectuoso que hay que corregir.

El grupo de parados de Psicología Solidaria en Tabacalera ha tenido una larga y fecunda descendencia. Apenas al año, algunos colaboradores del proyecto nos desplazamos a fundar un nuevo grupo en la Asociación Vecinal Manoteras (en el distrito de Hortaleza, en Madrid), grupo que, al cabo de un tiempo y todavía hoy, funciona ya con autonomía. También surgieron experiencias similares (de la mano de compañeros/as del proyecto que trabajan con la metodología ProCc en la Fundación Marie Langer) en Vallecas, en Alcobendas… más recientemente el Colegio de Psicoanálisis está organizando un grupo similar en Ciudad Lineal, hay otro grupo en proyecto en el distrito de Barajas, etc.

Por estos grupos han pasado ya decenas de personas que, con el apoyo mutuo y el trabajo grupal y personal, han podido salir del aislamiento, la vergüenza y el sentimiento de culpa en que se encontraban, y han recuperado la dignidad y la palabra. Entre los/as activistas más comprometidos/as de Psicología Solidaria están hoy algunas personas que iniciaron su andadura en el proyecto precisamente en estos grupos de personas desempleadas.

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